Juan sin miedo
La jarra de agua helada crispó su piel,
y revolviéndose ante el temblor,
miró a la princesa saliéndosele la hiel:
—Tiemblo pero no es temor.
Entonces corrió, y corrió, y corrió,
escapando, buscando conocer el miedo,
y se le enfrentó un pequeño gorrión,
con sus alas le vertió encima un verso.
Leyó hasta la última gota de letra,
furiosas mostraban la verdad,
y se desplomó sobre su maleta,
mascullando: —¡Tengo miedo de ella!
La sensibilidad se giró y le acunó
tapando su miedo con flores que perduran,
lo bañó en agua caliente y 3 días ayunó,
hasta que tuvo que ser sólo Juan.

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