Acerca del terrorismo poético
Quiero comenzar este artículo diciendo que lo que estás leyendo, probablemente, sea observado y clasificado por varias organizaciones “policiales”. Tan solo por incluir la palabra terrorismo, que es el actual comodín como lo fue judío, por ejemplo, o hereje, o traidor, bruja entre otros muchos, para ser básicamente un enemigo que debe ser detenido lo antes posible por molestar en demasía a alguien poderoso. Y con ello no niego para nada la existencia presente o pasada de terroristas, brujas, traidores y herejes que de verdad dañaron a la sociedad del momento. A como de lugar. Dicho esto aclaro que yo vengo a hablar de LITERATURA, que es lo mío, no de terrorismo.
Os cuento que todo lo teórico que conozco sobre el concepto de terrorismo poético, lo he aprendido de la lectura del libro TAZ (Temporary Autonomous Zone – Zona temporalmente autónoma), escrito por Hackim Bey, un seudónimo usado por varios escritores para obras con cierto grado de delicadeza, cuyo autor más conocido fue Peter Lamborn Wilson. Hackim, por curiosidad, significa señor juez, en turco, si no me equivoco.
Dicho libro ha vivido una historia curiosa en mis manos. Lo regalé a un buen amigo mío que sabía que le interesaría. Compré otra copia y acabé regalándolo de nuevo a un compañero escritor por su cumpleaños que justo llevaba algún tiempo investigando acerca de esto. Comencemos:
¿Qué es el terrorismo poético?
Secuestra a alguien y hazle feliz. Obras simulando ser naves espaciales extraterrestres. Elige a alguien al azar y convéncele de ser el heredero de 5000 hectáreas de las zonas más desérticas de Marruecos. Al final, se dará cuenta que ha creído en algo extraordinario y este hecho le conducirá a una forma de vida más intensa. Instala placas conmemorativas de latón en lugares públicos donde hayas vivido una experiencia personal digna de recordar. Convoca una huelga en la universidad, o en tu lugar de trabajo, exigiendo que se cubran tus necesidades de indolencia y belleza espiritual.
Un efecto. Un choque frontal. Que lo que empieza fuera acabe perforando piel y carne hasta alcanzar el cerebro y de allí nazca una fuerte emoción, una ventisca que resople la vela de tu embarcación y te anime a seguir el viaje más allá de toda ruta conocida. El terrorismo poético pretende airear a la bolsa de valores que es el mundo del arte cuando se dejan entrar más empresarios que artistas. Actúa como un acto en el teatro de la crueldad que no tiene escenario, ni filas ni asientos, ni localidades ni paredes. Aparece donde debe y transforma su entorno. Un ejemplo común que puede ser visto en cualquier ciudad es esa florecita amarilla que rompe un muro y crece en su grieta o una raíz de árbol destrozando el asfalto y sobresaliendo de él.
En Zona temporalmente autónoma, Hackim describe lo que podría interpretarse como el manifiesto oficial del terrorismo poético, con sus directrices orientativas, recomendaciones y ejemplos. Sin embargo yo creo que es una idea que cualquier artista que haya sentido ese calor, esa fiebre de la creación en algún momento u otro, ya sea escribiendo, pintando, tocando un instrumento o practicando cualquier otra disciplina, sabe de lo que habla el señor juez. Se trata de compartir esa sensación liberadora con el lector, con el visionador de la obra, que ese sentir sea la propia obra. Y desde la humildad de ni siquiera llamarlo obra, porque no hace falta, ahí es donde entra la parte poética del terrorismo poético.
En Disco Elysium, un videojuego narrativo genial, se nos ofrece la posibilidad de pintar en una pared varias opciones de obras. Hay una, mi favorita, que es una frase que dice lo siguiente:
Something beautiful is going to happen.
Algo hermoso está ocurriendo. Una frase sencilla que evoca esperanza… Eso es terrorismo poético en el sentido disruptivo de generar una emoción fuerte a un espectador casual sin más intención que transmitirla.
Otro ejemplo que estoy leyendo en este mismo momento sería el siguiente:
Pienso en esa mariposa, en qué sucedería si en un vagón del metesaca de Madrid liberasen murciélagos de golpe.
Aquí el autor realiza un golpe de realidad. Yendo y viniendo constantemente, cada día, del modo más cotidiano y aburrido posible, en un metro de la capital, a trabajar, a casa, de compras… y estás bajo el suelo, como quizá tiempo atrás habían personas refugiándose del frío y el calor y los animales salvajes… y de repente vuelven los murciélagos, que convivían ahí con nosotros antes del inmenso ruido. Esta frase pertenece al libro Ocho Gallinas, de José Aguilar, publicado por Niña Loba editorial.
A nivel personal he hecho algunas cosas. Como por ejemplo abandonar conchas de ostra en sitios imposibles de encontrar. En mitad de Barcelona, en baños públicos, en parques… con escritos sencillos:
Hay una sola raza: La humanidad.
Hay un solo país: La tierra.
Ama, ama y ama.
He pintado en paredes de casas abandonadas:
Si he de vivir, que sea sin timón y en el delirio.
¿Qué hay detrás de la ventana?
Tonto el que no lea.
Y tengo preparado algo más divertido. Pero debo reunir dos cosas, cómplices y cojines. No es que sea ilegal, es una obra artística. Pero puede que se rompa algo por accidente. Habrá lanzamientos. De diccionarios de la RAE. Y cosas literarias.
Anímense, la literatura traspasa las páginas, transforma el mundo con sus palabras y acciones, hagan poesía.

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