Aunque era ciega, y tenía toda la casa llena de pulgas, la tía Hipólita lo sabía todo
Debe andar ya por los doscientos cincuenta años, sentada ahí, en el poyete aquel, en…
Debe andar ya por los doscientos cincuenta años, sentada ahí, en el poyete aquel, en…
Mi padre se compró un borrego al que puso mi nombre. Mientras yo iba a…
Aún recordaba su primer beso. Después de aquel instante todo se precipitó. La transformación. La…
Me contaba mi amigo Pablo Isachiko que sus abuelos siempre fueron mayores, me lo contaba…
Llegó el momento. Aquí tenéis las participaciones a la primera de las iniciativas lanzadas desde…
La vecina del cuarto y sus tortillas recién hechas en la cocina. El anciano del…