Manual de limpieza profunda para frigoríficos
Fuente: Lur (CC BY-NC-SA 4.0)
Cogí el estropajo y el paño de cocina verde con lunares blancos.
También la bayeta verde de micro fibras, que limpia increíblemente bien y no es publicidad subliminal sino pura justificación empírica.
Eché agua tibia en el barreño cuadrado fucsia. Parece que si tiene un color divertido te va a motivar más ponerte con la tarea.
Al agua le añadí unas gotitas de gel limpiador desengrasante, de ése líquido verde menta que limpia la vajilla como si pudieras verte como en un espejo, aún después de haber puesto unas horas antes una sabrosa comida con salsa verde de perejil y ajos de un guiso que quedó incrustado después de una larga sobremesa.
También incorporé a la mezcla un puñado de bicarbonato. Dicen que sirve para eliminar bacterias en la cocina y lo hago siempre para quitar malos olores, porque funciona.
Tras preparar el mejunje y tener listos todos los elementos, me puse manos a la obra.
En menos de una hora había dejado el frigorífico reluciente.
Cuando volvieran después de las vacaciones nadie sospecharía. Era imposible tal y como había quedado, desinfectado, como los chorros del oro y absolutamente impoluto.
Nunca más olvidaré dejar un cadáver en el frigorífico cuando esté desenchufado.
¿Acaso un enorme besugo, con ojos saltones y sangre desparramada por el cuerpo, con las tripas colgando no es un cadáver?
Reconozco que un poco asqueroso sí que era. No me lo hubiera comido ni siquiera cuando pensaba que subir a casa era una invitación sexual.

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