Me voy pa’l campo que la ciudad yo ya no la aguanto
El título es una parte de la letra de una canción de Manolo Escobar (1). Si no lo conoces, seas como seas y vengas de donde vengas (un delito si estás en España) es el cantante de la canción “Que viva España”, “Mi carro” y “Olé mi pueblo” (2), entre otras. Cantó muchas canciones que recordaban una tierra y unas raíces cuando España era un país de emigrantes a consecuencia de la guerra civil, la dictadura y la pobreza.
¿Y por qué este título y qué tiene esto que ver con la chapa que te doy en todos los artículos sobre igualdad y/o feminismo? Me explico.
Estamos en octubre. El 15 de octubre se celebra la efeméride del día internacional de las mujeres rurales. Y esto de las mujeres rurales trajo a mi memoria (ten en cuenta que me educaron en el patriarcado y mis referentes suelen ser hombres, blancos, hetero) la canción de Manolo Escobar y sobre todo la frase “me voy pa’l campo que la ciudad yo ya no la aguanto”, de ahí la conexión pueblo y mujeres rurales.
Destripado el intríngulis del título y los saltos de conexión imposibles de mi cabeza, te cuento tres razones de peso sobre las que se sostiene el feminismo en el ámbito rural: tecnología, naturaleza y territorio (además de la vida y los cuidados de manera transversal. Si no pongo en un artículo la palabra cuidados no es un artículo de Lara).
Ya te he dicho muchas veces que son cada vez más mujeres las que deciden abandonar la hostilidad de las ciudades y reiniciar una vida en el ámbito rural. Y no porque añoremos una vida pasada (recuerda, no todo tiempo pasado fue mejor), sino porque la ciudad está expulsando a las personas que amamos la naturaleza y la vida. Cada vez hay menos espacios verdes, más contaminación, menos oportunidades para sostener la vida y la tecnología que se desarrolla está dirigida a la destrucción.
Así las cosas, mujeres (y hombres, pero voy a señalar a las mujeres, que los hombres ya se señalan solos) de todas las edades y con diferentes niveles de estudios e inquietud, están planteándose ocupar la España vaciada para construir vida desde otro lugar y con otra mirada.
Innovan, emprenden, crean, sostienen. Qué palabras tan chulas. Pero también con muy pocos recursos, muy pocos apoyos y muy poco valoradas para todas las consecuencias que tiene esta decisión y posicionamiento para toda la humanidad.
He tenido la suerte de conocer proyectos de todo tipo: mujeres ganaderas que sostienen el territorio, que tratan bien a los animales de granja, que velan por el interés de conservación de las especies autóctonas, producen con ética y valor y, además, ofrecen atender a centros educativos para explicarles los proyectos y generar curiosidad y respeto.
También he conocido la escuela Juana Millán de mujeres emprendedoras (3), que acompañan en todo el proceso de formación y emprendimiento con proyectos que sostienen los entornos y que valoran la vida.
Incluso, aquellas que dentro del entorno rural tejen espacios seguros y redes de apoyo a la comunidad, desde culturales, terapéuticas o artísticas.
En muchos de esos proyectos, la innovación y la tecnología se han puesto al servicio de la humanidad y no al contrario. Se mide el impacto ecológico, se propaga el respeto a la tierra. ¿Cuál es el fallo entonces? Que son mujeres. Que su voz y su ejemplo no prospera de la misma manera que otras cuestiones y que no impera el capitalismo sino otras formas de ver y entender el mundo.
Así que, me hago una pregunta que comparto: ¿entonces, es posible vivir de otra manera? A mí, ellas y sus proyectos, me inspiran. Me hacen pensar que otra forma de vida es posible, que algo tiene que cambiar.
Reconozco que claro, a mí no me pidas cultivar la tierra o cuidar animales de la noche a la mañana, porque ahí estoy fuera de onda por completo. Eso sí, como decía aquel, de cuyo nombre no quiero acordarme, “que no son gigantes señor, que son molinos”. Pues si son molinos, usémoslos para el trigo y no para luchar contra ellos. Si son molinos, tal vez podemos hacer algo para que no nos hagan daño. Si son molinos, igual es posible que haya molineras y molineros que estén al mando y decidan alimentar a todas las personas en lugar de fabricar armas.
Vámonos pa’l campo, que la ciudad yo ya no la aguanto. Prefiero los molinos a los gigantes, los montes y montañas a los rascacielos. El agua y el aire libres a las jaulas doradas. Feliz mes de las mujeres rurales.
(1) https://www.youtube.com/watch?v=-rovSPaFHdM

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