Homenaje a Silverio – 5 poemas de Silverio Pei Wosel
El presente artículo es un homenaje póstumo al poeta Silverio Pei Wosel. Los textos se publican con la autorización de la familia Pei Wosel y de su albacea, Tiburcio Quintanilla. Todos los derechos reservados.
Nos vamos a la mierda
El 50% de la población mundial
está abocada al fracaso.
Puede que sea un porcentaje
demasiado optimista.
Ahora mismo hay un tipo
bajo mi balcón
gritándole a un jilguero
con una motosierra en la mano.
Anda la hostia
Cada vez hay menos bancos.
Los viejos de mi calle
se disputan
el único que queda
junto a la plaza.
Ahí viene, Andrés.
Trabajó veinte años
en una mina.
Dice que conoció a Franco.
Su mujer dice
que al único famoso
que ha conocido
en su vida
es a Arévalo.
Una vez le pidió mil duros
para comprarse una chaqueta
para una actuación
y nunca le devolvió
el dinero.
Anda despacio.
Descansa.
Anda.
Descansa.
Anda.
Llega al banco.
Se sienta
mientras regala
sonidos guturales
a toda la audiencia de la plaza.
Sólo estamos él y yo.
Deja el bastón en el asiento.
Respira.
Se frota las manos.
Se escupe.
Joder,
se va a cascar una paja.
A mi plín
Tengo un pájaro en la mano.
Hay cientos de ellos
volando en la plaza.
Vuelan.
Vuelan y dejan caer excrementos
sobre la estatua del general.
Hay cientos de pájaros
volando sobre mi cabeza.
Yo tengo uno.
Un pájaro.
No vuela.
No respira.
El resto de pájaros vuelan.
Cientos.
Puede que miles.
Pero yo tengo el mío.
La noche que comenzamos la revolución
Le prendimos fuego al televisor
bajo aquel manto de estrellas.
Junto a la parra del jardín.
Desnudos,
bailando junto a la hoguera
y gritando:
¡Abajo el capitalismo!
¡Muera la mentira!
Tu risa rebotaba
por todas las laderas
del valle
y las llamas
surcaban el aire
formando enigmáticas figuras
que nos recordaban
todo aquello que detestábamos
de la caja tonta.
Había comenzado la revolución.
Nuestra revolución.
Entonces sonó tu WhatsApp.
Era un mensaje de Miriam.
Esa noche emitían E.T. en La2
y luego un documental sobre Spielberg.
Comenzamos a llorar
pensando
en cómo
le explicaríamos todo aquello
a la dueña
de la casa rural.
Mercadillo
No se a que vienen esos gritos
y esas putas pelucas.
Imagino que el apocalipsis
es algo parecido
a toda esta mierda.
Todos los niñosjesuses
tienes el halo torcido
y cara de mala leche.
Alguien vuelve a preguntar
el precio del castillo de Herodes.
Se le hace caro
y vuelve a sorber de su frapuchino.
Estoy teniendo un ataque epiléptico
o son estas malditas luces.
Hay varios papanoeles
dando vueltas por aquí pidiendo
algo para tomarse unos vinos.
Ya he visto a dos de ellos
afanar carteras a tipos con fachalecos
y más gomina en el pelo
que John Travolta en Grease.
Que les jodan.
(A los del fachaleco, claro)
Consumir.
Sólo hay felicidad
si consumes y consumes.
Mira,
una figurita de Herodes
sacándosela la chorra.
Me la llevo.
Los textos se publican con la autorización de la familia Pei Wosel y de su albacea, Tiburcio Quintanilla. Todos los derechos reservados.

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