La leyenda de Marvin Rhein
Cuando desde facerArder nos invitaron a reflexionar sobre el arte como herramienta terapéutica y de su poder sanador y transformador, no pude sino acordarme de Marvin Rhein, el guitarrista de uno de los grupos favoritos de mi juventud, Panavision.
Su caso es quizás el ejemplo perfecto de cómo, en ocasiones, sin arte ni creación nos convertimos en seres vacíos, simples actores de una sociedad que sigue su curso sin nosotros. Espero que su historia os conmueva tanto como a mí.
Marvin fue uno de esos artistas que surgen de década en década para ofrecernos su talento y dejar huella entre el resto de los mortales. Había nacido un 20 de febrero de 1967 en la Alta Baviera en el seno de una familia austriaca que había decidido dejar su Innsbruck natal para residir en la vecina y cercana Alemania. En concreto en un pueblecito llamado Starnberg, a las afueras de la Múnich. Una ciudad pequeña y tranquila conocida por sus cinco lagos glaciares, en uno de los cuales murió ahogado Luis II de Baviera, y en la que Marvin creció rodeado de sus dos hermanas mayores. Sería con ellas con quienes aprendió a tocar la guitarra acústica en la iglesia del pueblo en los que fueron sus inicios en la música.
Pronto brotaría su imaginación y talento con los instrumentos musicales, pasando de la guitarra acústica a la percusión sin solución de continuidad. Con 12 años ya se fabricó su primera guitarra eléctrica amplificando con unas piezas de timbre eléctrico su vieja guitarra acústica. Y pronto empezaría a hacer sus propias composiciones a las que acompañaba con la percusión de una batería que se había hecho a base de latas y cubos de metal de diferentes tamaños.
Sería en el último curso del instituto cuando se compraría su primera guitarra eléctrica convencional con el dinero de su primer sueldo que ganó un verano segándoles el césped a los vecinos de la calle. Y fue ese año cuando montaría su primer grupo con un par de compañeros de clase, Lithium, con el que tocarían en el festival de graduación dejando boquiabiertos a propios y extraños.
Preguntado en alguna ocasión por la coincidencia del nombre de aquel grupo con una canción de los Panavision, Marvin siempre decía que fue pura casualidad, que el nombre de su grupo juvenil surgió por una ciudad muy pequeña que un día encontraron en un mapa de EEUU tirado en la basura cuando no sabían cómo demonios llamarse, y que el nombre de la canción surgió a posteriori porque el litio se encontraba en los estabilizadores del ánimo y la canción hablaba del trastorno bipolar. A él le hizo gracia y de ahí la coincidencia.
Aquel 1985 Marvin se marcharía a estudiar Filosofía a la Universidad de Heildelberg, la más antigua de Alemania, fundada durante el Palatinado y cuna de grandes filósofos como Hegel, Feuerbach, Habermas o Weber. Y ese pequeño gran paso de Marvin fue un gran paso para la música, quedando la influencia de esos estudios en toda la posterior trayectoria del grupo. De hecho, el segundo de sus discos se llamaría en 1992 “Und der Mensch schuf Gott”, “Y el hombre creó a Dios”, en honor a las tesis del humanismo ateo de su admirado Feuerbach, que nunca dejaría de ser su pensador de cabecera.
Allí Marvin pasaría los siguientes cinco años de su vida, y allí conocería al resto de los miembros de Panavision. Con Rich, el batería, sempiterno estudiante de Química, compartiría piso sus tres primeros años de estudio. A Jurgen, vocalista y guitarra rítmica y estudiante de filología germánica, le conocería al poco de instalarse en una de las fiestas caseras que Rich montaba. Y Samy, estudiante de Arte, se uniría a ellos al poco de montar el grupo a través de un anuncio donde se buscaba bajista.
Y ya sabéis, cosas del dichoso destino. Lo que empezaría como una unión de cuatro amigos tocando rock pronto se convertiría en algo más, y no sólo en el sentido musical. Durante esos cinco años pasarían de tocar esporádicamente en alguna de las casas de estudiantes, a un local de ensayo en su segundo año. De allí a liarse la manta a la cabeza en el tercero y en el cuarto grabando algunas maquetas, para pasar a ser conocidos en todo el circuito musical de Heidelberg y alrededores en el último año de estudio de Marvin. Y sería en ese año cuando una multinacional de tamaño medio, Power Sound, se fijaría en ellos para lanzarles un disco. Este trabajo tardaría casi un año en ver la luz por la perfección que quisieron mostrar y que cambiaría el curso de la historia musical del rock, “La paradoja del mentiroso”. El titulo hacía referencia a una paradoja de la que Marvin siempre hablaba, la que un tal Eubulides de Mileto lanzó allá por el siglo IV AC, diciendo algo así como que hay un hombre que dice que miente. Si esa afirmación es verdadera, entonces él no miente; y si miente, entonces es falso que él mienta porque dice la verdad. Pensamiento Panavision y Marvin 100%.
El long play fue todo un éxito, que traspasó fronteras y que dejo en nada las previsiones de la propia discográfica, ya harta del perfeccionismo de aquellos cuatro chavales que, sin ser nadie y sin haber vendido un solo disco oficial, tenían las exigencias de trabajo de unas estrellas consagradas. Basta leer la crítica que les hizo de su lanzamiento la revista Rolling Stone en su versión americana. “Desde la vieja Alemania nos llega de la forma más silenciosa la revolución musical que el mundo anglosajón parece no ser capaz de aportar. Con su embustera paradoja Panavision se convierten en los pioneros del rock que nos alumbrará el próximo siglo…eso sí, llegan con casi diez años de adelanto. Trece temas sin trampa ni cartón, espectaculares del minuto inicial al final. La fuerza del rock ha vuelto y parece que es para quedarse. Celebrémoslo por todo lo alto.”.
En un año la vida de los cuatro y todo lo que les rodeaba cambió de arriba abajo dando un vuelco al acomodado panorama musical. Ellos seguían siendo los mismos pero lo que les rodeaba no. Aun así, y a regañadientes de la discografía que le urgía para lanzar el álbum en inglés y una gira mundial, pronto se meterían en el estudio para grabar su segundo trabajo, también en alemán, “Y el hombre creó a Dios”.
Aquel trabajo sería su consagración definitiva y les obligó a ampliar el circuito de culto alemán por el que seguían tocando en directo para viajar por los grandes festivales europeos, Isla de Wight, Interlaken o Rock in Rio y ser cabeza de cartel en el Sziget húngaro, el más grande de todo el continente en el verano de 1993. Incluso ya en ese año darían sus primeros conciertos multitudinarios en países como Japón, Canadá o los propios EEUU. Por aquel entonces el movimiento Panavision ya era todo un fenómeno de masas a nivel global, algo impensable poco tiempo antes.
Y llegó 1994 y “Las consecuencias del silencio”, disco de diamante por sus ventas en todo el mundo, y su canción estrella “Nadie muere virgen…la vida nos jode a todos por igual”, himno de toda una década y cuya repercusión iría más allá de la música. Para muchos este sería el tema de toda una generación de jóvenes nacidos del baby boom de mediados de los 70. Rebeldía juvenil, desencanto por el presente, e ilusión por un futuro mejor se fundían en una canción que parecía dar respuesta a las inquietudes de un mundo nuevo que parecía estar por llegar y que venía acompañado de una globalización cultural e ideológica sin precedentes.
Fue terminar el disco y lanzar una gira mundial que concluiría con el concierto de Hamburgo, el último del grupo. Y de todo ese éxito aparentemente bien llevado y digerido a la mayor de las desgracias en cuestión de segundos. Una cuchilla de un robot de cocina que secciona el tendón flexor de la mano izquierda de Marvin y le deja sin movilidad en tres de sus dedos. Tres operaciones y un peregrinar por médicos de todo el mundo no pudieron salvar su mano ni la trayectoria del grupo. Sin el alma de Marvin el resto de componentes no quisieron continuar su carrera en conjunto, desoyendo y soportando las continuas presiones de la discográfica y de gran parte de la industria musical que sólo veían ganancias donde los miembros del grupo veían desgana ante las ausencias de su alma mater. Los tres siguieron de una u otra forma en el mundo de la música, pero el nombre y las canciones de Panavision se fueron con Marvin para no regresar jamás.
Aquel desgraciado accidente sumió a Marvin en una tremenda depresión, que se agravó en 1997 y le llevó al suicido en febrero de 1998 con una sobredosis de barbitúricos. Como el mismo sostenía en una de las canciones del grupo, siempre es mejor fundirse que apagarse lentamente.
Para terminar, me gustaría dejaros la elegía que hizo en su funeral Emy, su pareja y alma gemela. Sería sin duda la más esperada y emotiva junto a la de sus compañeros de grupo. Leída con total entereza no deja de ponerme la piel de gallina siempre que vuelvo a leerla o recordarla. “…me separaste de ti para salvarme en tu caída, en su momento lo supe y ahora lo veo claro. Nunca quisiste que nadie de los que te rodeábamos cargásemos con tus sufrimientos. Quisiste descubrir solo el vacío que te esperaba allá abajo, un abismo sin guitarras donde reposar la crueldad que el destino te tenía preparada. Sin embargo, si algo has provocado en mi es que siempre me quede unida a ti porque, como tú me enseñaste un día, hay una leyenda oriental que dice que un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse. No importa el tiempo que transcurra o el espacio y las circunstancias que los separe, el hilo puede tensarse o enredarse, pero nunca podrá romperse. Y ese hilo que nos une a ti y a mí no ha hecho más que empezar a desenmarañarse. Tarde o temprano volverá a su ser y me reencontraré contigo, porque las almas gemelas nunca se separan. Entonces te ataré con todas mis fuerzas y mis brazos serán gruesas cuerdas para no dejarte escapar jamás. Hasta entonces Marvin. Tuya siempre, Emy”.
Espero que la historia de Marvin os haga ver como a mi esa labor del arte como herramienta imprescindible en la vida en las personas. Solo pido que el arte nunca desaparezca de nuestras existencias y que el abismo que alcanzó a Marvin nunca tenga un lugar para ninguno de nosotros o nosotras.
Historia basada en el libro “Ruta al interior. La reliquia de Marvin Rhein” (Daniel R F, Bubok 2014)

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