Transmutación
Existe un súper poder que se nos desvela en la infancia de manera natural pero que es arrebatado por las personas adultas a ellas mismas y a las demás según vamos creciendo: LA CREATIVIDAD.
No somos conscientes (si lo fuéramos no permitiríamos, que ni el personaje más villano nos lo arrebatara) de lo importante que puede ser este súper poder y de lo que cambiaría nuestra realidad utilizarlo a diario.
Crear algo nos despierta la capacidad de cuestionar, imaginar, inventar, observar, atender, copiar, construir, discernir, amar, sentir, liberar… Y así, hasta una infinidad de verbos y acciones que nos hacen personas proactivas ante el mundo que nos rodea.
¿Cuál es el problema entonces?
Muchas personas han sido mutiladas artísticamente.
¿Qué significa eso? No todo el mundo puede ser artista internacional y con reconocimiento u honores a pesar de ser brillante en aquello que crea, ¿no?
Ya te he pillado… ¡caíste en la trampa!
En nuestro mundo, arte y creatividad son sinónimo de productividad y reconocimiento exterior. Olvidamos nuestra capacidad de crear por el placer de hacerlo y con ello también abandonamos la posibilidad de que nuestra realidad comience en nuestro interior y no a la inversa.
Hemos sido engañadas. Y hemos permitido que uno de los dones más valiosos esté en venta (¿a qué me recordará esto de que todo esté en venta?)
Ser mujer, a lo largo de la historia, nos ha permitido desarrollar este don; porque enseguida descubrimos que era una herramienta terapéutica en nuestras vidas.
Los traumas, dolores y mundos interiores de las mujeres, el simbolismo, el poder o la gloria de construir belleza o materializar el horror a través de sus creaciones ha sido algo que, con mirada feminista, sospechosamente las ha permitido sobrevivir en un entorno completamente hostil como el patriarcado.
Te pongo algunos ejemplos para que se entienda mejor:
Para empezar, comenzaría con Cristina de Pizán y La ciudad de las damas (1). En este libro, una mujer utiliza la argumentación artística para levantarse y crear una conciencia de género, mostrando que la feminidad se ha creado a partir del modelaje de la mirada masculina y nombrando formas de violencia contra las mujeres como la violación, la desigualdad o el acceso a la cultura y el conocimiento.
Pero sin duda, una gran artista representante del arte como herramienta terapéutica es Artemisia Gentileschi, que en su famosa obra Judit y Holofernes (2), utiliza un pasaje del Antiguo Testamento, para reproducir su propio dolor y los sentimientos más oscuros que brotan del interior por su propia violación por su tutor Agostino Tassi.
Las prácticas artísticas performativas, son otra forma de expresión de las violencias sufridas por las mujeres a través del arte. Se convirtieron no sólo en «un medio para explorar la dimensión física del cuerpo» (Picazo 1993:15), sino en una herramienta con capacidad de cuestionar las causas de este tipo de violencias (3), una utilización de la creación y el arte para señalar y a la vez construir desde un lugar de dolor, rabia, angustia o desigualdad, creando conciencia “lo personal es político” (Millett 2010), para cambiar el mundo.
Pero voy a dejar de echar balones fuera y contar mi propia experiencia. Toparme con el dibujo y la pintura ha sido una experiencia terapéutica. He aprendido a equivocarme, a corregir, a soltar lo que soy sin miedo, a ser juzgada y que esto no me haga daño y solo sirva para crecer. He aprendido a utilizar una técnica artística para desarrollar mi creatividad, para ser creadora de mis propias experiencias y a que todo el conocimiento recibido sirva, para pasar a través de mi mirada y mi sentir para compartir y crear cultura.
Me siento responsable, como persona con esperanzas en la humanidad, en compartir todo esto, aunque no sea a cambio de dinero. Pero lo realmente mágico es que siento felicidad cuando pinto y creo. Me hace volar, estar viva, serenar las aguas internas, me acompaña en mis procesos vitales, incluso en el dolor, la rabia, la ira o la incomprensión. Me acompaña en el día a día, en lo pequeño y en lo más grande.
Alerta: no quiero ofender a todas las personas que tienen el privilegio, la honestidad y la valentía de vivir del arte y su creatividad y cobrar por lo que hacen, faltaría más. Por supuesto, completamente honrada y agradecida a todas ellas. Aunque sí advierto, hacernos pensar que el arte es solo para genios (en masculino a propósito) es una perversión y una mutilación como explicaba al comienzo.
Me atrevería a decir que la creatividad sana, aunque la ciencia lo acreditará en algún momento. Hasta entonces, lo que sí puedo afirmar con rotundidad es que muda algo a otra cosa, TRANSMUTA y de eso va esto.
(1) La ciudad de las damas – Wikipedia, la enciclopedia libre
(2) Judit decapitando a Holofernes (Gentileschi, Florencia) – Wikipedia, la enciclopedia libre

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