Pez
Fuente: Lur (CC BY-NC-SA 4.0)
Dicen las malas lenguas que todo comenzó después del eclipse. Pero eso no es verdad. El agua llevaba años contaminada con todas las medicinas que tomamos para no enfermar, no sentir dolor o simplemente sobrevivir.
Sea como fuere, PEZ empezó a sentir rarezas y lo que sí es cierto que fue después del eclipse cuando ésas rarezas estaban a la vista de todas las miradas.
Al principio sólo eran frases inconexas que no venían a cuento y que además asustaban. Después empezó a ser un sueño lúcido.
Parecía que dormía pero se movía sin parar y gritaba y sus ojos permanecían totalmente abiertos como si no se hubiera dormido nunca.
El mar está al revés! – gritaba unas veces. No lo veis?, decía. El agua es de colores y los seres dentro negros.
Otro día, soltaba: Como es arriba, es abajo. Como es dentro es fuera. Ésa es una de las leyes universales.
Incluso, los días que parecía estar en tranquilidad, de pronto gritaba: tal vez sí que se puede saltar más alto que la luna!. Y añadía: es increíble, cuánta belleza!.
Cuando le preguntaban, no recordaba nada de manera consciente, o eso decía. Y contestaba: sólo sé que estoy muy feliz – no sé si para que nadie se diera cuenta o porque realmente era feliz en su mundo.
El caso es que una mañana, contó que había aterrizado en Marte. Ésta vez, sí que empezaba a ser rara la cosa, porque no dormía. Es más, acababa de dar los buenos días, después de más de doce horas durmiendo un sueño sereno y profundo.
Marte, os digo! Hay un mar, parecido a éste, una arena que no es arena como la que conocemos, unas plantas que hablan entre ellas y unos marcianos preciosos que me han dado mucha risa porque los confundí con cangrejo, estrella y pulpo.
Y el cielo, el cielo no se puede describir porque es una maravilla. Me ha dejado en hipnosis total. Había muchos planetas y estrellas brillantes.
PEZ, te encuentras bien? Sabes lo que estás diciendo? Nunca te has comportado así – decían. El eclipse, éso es el eclipse! -decían también. Que no!, que sois la policía de las cosas bellas! – replicaba PEZ. No queréis ver, no queréis comprender! Y no queréis dejarnos en paz, siempre criticando todo! – volvía a decir con una mezcla de tristeza y rabia.
Solo quería compartir que el viaje es lo que más mola – insistía con una medio sonrisa dibujada. Pero si no os interesa, os lo perdéis -acababa afirmando.
Los peces hemos sido educados en la limitación. Creemos que el mar es infinito y que lo que nos corresponde es sobrevivir y nadar, siempre nadar y nunca dejar de nadar.
Sin embargo, os digo que podemos volar. Podemos hacerlo, así es. Y no siempre gusta el lugar de aterrizaje, pero el viaja merece la pena – me confesó. Y ahora soy feliz en lo sencillo -añadió.
Después de aquello, un martes cualquiera, PEZ miró hacia arriba. Un gancho con cebo, estaba esperando. Nunca más volveré a escuchar sus bellas historias de libertad.
Era un pez cualquiera? Había enloquecido después del eclipse? No, creo que fue consciente y lo quiso compartir para cambiar las cosas.
Y yo, yo también quiero ser valiente. Pero tomaré más precauciones. No quiero que se acabe, no quiero que el gancho me lleve.

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