Encuentros en la tercera frase – Alerta en lo profundo
La película que dirigió Renny Harlin en 1999 es una de mis favoritas dentro del cine de escualos. La traducción de Deep Blue Sea me parece bastante acertada. A menudo, los títulos de las obras cinematográficas, pueden entroncarse con infinidad de cosas. Últimamente se habla mucho de la caída de los influencers, y yo, en calidad de simple columnista, debato conmigo mismo lo siguiente: ¿Por qué la gente hace famosos a los imbéciles? A fin de cuentas, la celebridad de turno ocupa el lugar de privilegio gracias a la legión de seguidores que comparte y apoya su contenido carente de utilidad o valor. Y ellos son, precisamente, los mismos que lo han encumbrado hasta la torre de marfil desde la que se dirige a las masas. Posteriormente, no deberían sorprenderse al descubrir cómo es su ídolo realmente: pagado de sí mismo, vanidoso, chulo y engreído. Lo que viene a ser un egocéntrico de tomo y lomo. Sin ser conscientes, el culto a estos individuos se gesta desde las profundidades de las redes sociales, cuando todavía no son estrellas de internet y venden una imagen que no se corresponde en absoluto con la realidad, a través de la cual llevan a los acólitos a su terreno, convirtiéndolos en máquinas diseñadas para adular y venerar su figura. Entretanto, el tiburón sigue alimentándose a base de publicidad y fama que, por una vía u otra, incrementa su cuenta bancaria.

Estos son los nuevos cantos de sirena, encargados de fagocitar las honrosas excepciones que ofrecen algo más que tonterías y buscan aportar valores y conocimientos. Lo bueno se ahoga entre tanta basura, y esta última siempre sale a la superficie.

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