¿Sientes o disientes? El arte como herramienta terapéutica.
Esta mañana me surgió la necesidad de escribir esto que te comparto.
Cuando me duelen los oídos y me paraliza el miedo ante las amenazas mundiales y terrenales, hay una sensación interna que me sostiene y me sobrepone.
Siento toda esa energía que me llega de las mujeres con las que me cruzo cada día. Sí, siento la energía, llámalo como quieras. Muchas de las cosas que me parecieron locura, con el paso de los años se confirman certeras, me afianzan.
En la peluquería me transmiten escucha, acogida. En el supermercado me tratan con amabilidad, me informan con una sonrisa. En la actividad deportiva, el equipo está activo, concentrado y feliz sin pensar en los obstáculos. En la serie, las actrices tienen contenido, criterio, humor, vidas propias, toman decisiones. Por la mañana, bien temprano, en el surtidor de gasolina la misma mujer que me ha llenado el depósito todo el año me deseó un buen día. La seguridad del edificio, me da la bienvenida con una sonrisa, la formación sale adelante gracias al compromiso de muchas compañeras, las que dejan el lugar de trabajo listo para que yo me siente y no tenga que preocuparme porque me coma la suciedad o el polvo.
Ni que decir tiene, mis amigas, las profes, el grupo de mi centro de salud, la alergóloga, la fisio, la reumatóloga o la ginecóloga. La artesana del pueblo, las madres del vecindario que crían en autonomía e igualdad o todas las mujeres que están en mi vida, que son muchas, variadas y a las que admiro, respeto y quiero. Y mi familia, mayoría femenina y toda feminista.
De todas sé que no son IA, de todas no sé si su vida es fácil o difícil, si tienen un mal día, si están preocupadas, si los problemas se multiplican, si han sufrido violencias. Lo intuyo, lo siento, pero no necesitan contármelo, no necesitan descargar en mí la ira del dolor y sufrimiento. Tan solo están, cuidan y funcionan con respeto, armonía y a pesar de todo.
Cuando vibro en esa energía, siento. Y lo que siento me quita el miedo. Y surgen las preguntas ¿Cómo sería posible un mundo sin las mujeres que lo habitan? ¿cómo sería posible ignorar lo imprescindible de nuestra existencia? ¿cómo podemos compartir eso que siento en mi día a día y que me hace estar segura de que otro mundo es posible y de que ninguna fuerza bruta o necia puede tumbar?
Amigas, vosotras y todas las personas que nos acompañan en esta vibración, entre ellas muchos compañeros de vida y sentir, compartamos. Hagámoslo posible. Juntas, en comunidad, en red, en equipo, en grupo, sin olvidar nuestra esencia íntima y personal. Eso que tanto ansiamos y añoramos llamado paz y bienestar está en nosotras y debe ser compartido para que el miedo y el abismo no nos traguen. A veces sueño que permanece agazapado esperando el momento preciso para dar el golpe letal. No permitamos que nos lo arrebaten. La vida puede ser vivible si nos concentramos en lo que nos une y no en lo que nos separa. Si miramos nuestras limitaciones y miserias y las abrazamos, tanto como nuestra luz. Si sentimos, incluso cuando duele.
Por eso escribo, por eso lanzo mensajes entre líneas. Permanece a la escucha. Sé que estás ahí, te siento. Siguiendo la estela de @facerarder, comparto la necesidad de hablar del arte como herramienta terapéutica. El arte, nos humaniza, nos enseña a ver nuestras debilidades y vulnerabilidad y nos anestesia, porque la vida no es perfecta, ni con arte, ni sin él. Pero fortalece soñar despierta y los sueños son el primer paso para construir realidades.
No me despiertes, aunque disientas. Siento despierta y me gusta.

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